Por: Juan Domingo
Ciudad de México, 23 de marzo de 2026.- Tres décadas y dos años han pasado desde que el estruendo de un revólver Taurus calibre .38 alteró para siempre el guión de la historia moderna de México. Aquel 23 de marzo de 1994, en el lodazal de Lomas Taurinas, Tijuana, no solo cayó el candidato Luis Donaldo Colosio Murrieta; cayó también la última gran promesa de una transición «aterciopelada» desde el seno del sistema.
Hoy, a 32 años de distancia, la figura de Colosio parece estar transitando de ser un símbolo de lucha a un frío nombre en nomenclaturas de calles y estatuas de bronce que pocos se detienen a observar.

La erosión del mito
Lo que antes era un clamor nacional por «justicia y verdad» se ha transformado en un eco distante. Las nuevas generaciones —aquellas que nacieron en la era digital y el multipartidismo— ven en Colosio un personaje de libro de texto, similar a los héroes de la Revolución, pero despojado del fervor emocional que sus contemporáneos sintieron.
El fenómeno del olvido de Colosio responde a tres factores clave:
- La fragmentación del discurso: Cada grupo político ha intentado apropiarse de su legado, diluyendo la esencia del mensaje original de «hambre y sed de justicia».
- La saturación de la violencia: En un México que ha vivido décadas de una guerra interna contra el crimen organizado, un solo magnicidio, por trágico que sea, compite con la cifra diaria de desaparecidos y violencia actual.
- El surgimiento de nuevas figuras: El relevo generacional en la política ha desplazado el «Colosismo» por nuevas corrientes ideológicas que miran más al futuro que al trauma de 1994.
El estancamiento judicial: Un expediente de polvo
A pesar de los intentos recientes por reabrir el caso y la teoría del «segundo tirador», el sentimiento generalizado es de escepticismo. La verdad histórica, golpeada por versiones contradictorias y fiscales que desfilan sin resultados, ha terminado por agotar la paciencia de la memoria colectiva.

«La justicia que tarda no es justicia, es un archivo muerto».
— Sentimiento común entre analistas políticos al evaluar las tres décadas de investigación.
El legado: ¿Vigencia o nostalgia?
Paradójicamente, mientras la figura personal de Luis Donaldo se desvanece, su discurso del 6 de marzo de 1994 en el Monumento a la Revolución sigue siendo citado. La ironía reside en que los problemas que él diagnosticó —la desigualdad, el abuso de poder y la falta de democracia real— siguen presentes, aunque el rostro de quien los denunció esté cada vez más borroso en la mente de los mexicanos.
Comparativa: Memoria vs Tiempo
| Año | Percepción Social | Estado del Caso |
| 1994 | Shock nacional y exigencia de justicia. | Investigación inicial (Aburto). |
| 2014 | Nostalgia y análisis sobre «lo que pudo ser». | Caso cerrado formalmente, pero en duda. |
| 2026 | Figura histórica institucionalizada. | Intentos de reapertura con fines políticos. |
Conclusión: El riesgo de la desmemoria
Recordar a Colosio hoy no debería ser un acto de culto a la personalidad, sino una reflexión sobre las promesas incumplidas de la transición democrática mexicana. A 32 años, el peligro no es que se olvide el nombre del asesino o del asesinado, sino que se olvide por qué era tan necesario el cambio que él representaba.
Lomas Taurinas ya no es el asentamiento irregular de 1994; ahora es una colonia pavimentada con una plaza conmemorativa. Sin embargo, en el aire queda la pregunta: ¿Se honra al candidato buscando la justicia que él pedía, o simplemente se le administra el olvido?

