Una alerta para propietarios y residentes de torres habitacionales en Tijuana.
Por: Alberto Figueroa
Tijuana, Baja California.- En una ciudad que crece hacia arriba, el riesgo también escala. Tijuana vive un auge sostenido de torres habitacionales: nuevos desarrollos, mayor densidad y una promesa de vida moderna que seduce a inversionistas y familias por igual. Pero en ese crecimiento vertical comienza a incubarse un problema silencioso: la administración.
Hoy, con frecuencia y regularidad, se acumulan quejas en distintas torres administradas por Administración y Comercialización de Inmuebles (ADMINIO). No se trata de inconformidades aisladas, sino de una constante que empieza a delinear un patrón preocupante.
Porque lo que ocurre en los pasillos, elevadores y áreas comunes de estas estructuras habitacionales en Tijuana, ya no es simple molestia vecinal: es una alerta temprana de un modelo que, de no corregirse, puede derivar en conflictos sociales, opacidad financiera y espacios propicios para el contubernio.

UN TRIÁNGULO QUE SE REPITE
En el discurso corporativo, todo encaja: orden, eficiencia y tranquilidad. En la práctica, lo que los residentes describen es un esquema que opera en tres frentes bien definidos:
• La Desarrolladora
• El Comité inicial
• La Administradora
Un triángulo que, lejos de generar confianza, concentra decisiones. Y en el centro de ese triángulo, ejecutando la operación cotidiana, se encuentra ADMINIO.
LA ALERTA DESDE EL ORIGEN
Para quien invierte en una torre, el enfoque suele estar en la plusvalía, la ubicación o las amenidades. Pero pocas veces se analiza quién administrará el inmueble. Ahí comienza el primer riesgo.
La desarrolladora no solo construye; también define, desde el inicio, las reglas del juego. De acuerdo con diversos testimonios, la administración llega preasignada, lo que limita su independencia desde el origen. Si desde un inicio no hay elección, tampoco hay equilibrio.
EL COMITÉ
Aquí aparece uno de los focos más delicados.
“Como muestra un botón”, relatan propietarios: en distintos desarrollos existen presidentes de comité que, lejos de representar a los vecinos, terminan respondiendo a intereses particulares, a gustos y decisiones personales que no reflejan el consenso colectivo.
El problema escala cuando esa figura —que debería ser contrapeso— se alinea con la desarrolladora y la administradora. Narran propietarios y residentes que a diario tienen que sortear con los gustos o preferencias de un presidente que al final del día perjudica la tranquilidad de la comunidad.
La consecuencia no es menor.
Han documentado casos donde esa colusión termina afectando directamente a los propietarios, incluso al punto de que se diluyen o se pierden garantías sobre el inmueble, ya sea por omisiones, decisiones discrecionales o falta de defensa oportuna de los intereses comunes.
Si el comité deja de representar, el sistema queda sin defensa interna.
ADMINIO: LA RESPONSABILIDAD SE CONCRETA
Pero si bien el origen y las desviaciones explican el contexto, la responsabilidad no se dispersa.Se concentra.
Administración y Comercialización de Inmuebles (ADMINIO) es quien ejecuta: cobra cuotas, administra recursos, define proveedores y responde —o no— a los problemas cotidianos. Y es ahí donde el contraste se vuelve evidente.
Los reclamos que se han podido registrar en una de las torres más importantes de la ciudad, se repiten con consistencia: mantenimiento deficiente, elevadores fuera de servicio, áreas comunes deterioradas y servicios que no corresponden al costo que asumen los propietarios.
Pero el punto más crítico sigue siendo el mismo: la opacidad financiera.
Estados de cuenta poco claros, reportes incompletos y decisiones económicas que no se explican.
EL RIESGO PARA LA CIUDAD
Lo más preocupante no es un caso, sino la repetición del modelo:
• Desarrolladoras que condicionan el arranque
• Comités que no ejercen autonomía
• Administradoras que operan sin contrapesos reales
En una ciudad como Tijuana, donde el crecimiento vertical es cada vez más acelerado, normalizar este esquema no solo afecta a un edificio. Afecta a la ciudad.
Porque la opacidad no se queda en lo administrativo: se traduce en conflictos vecinales, deterioro del entorno y comunidades fragmentadas.
LA CONVIVENCIA, EN RIESGO
Los desarrollos verticales prometen comunidad. Pero cuando la administración falla, esa promesa se rompe. Las áreas comunes se convierten en espacios de reclamo. La convivencia se desgasta. La desconfianza se instala.
Administrar no es solo operar.
Es sostener la vida colectiva.
Y hoy, en más de una torre, esa vida colectiva muestra fracturas evidentes.
UNA ADVERTENCIA QUE NO DEBE IGNORARSE
Este es un llamado a tiempo.
A los futuros compradores: revisen quién administrará su patrimonio.
A los propietarios: no normalicen decisiones opacas.
A los comités: recuerden a quién representan.
Y a Administración y Comercialización de Inmuebles (ADMINIO), el mensaje es claro:
No basta con operar el sistema. Hoy, la exigencia es romper con él si está fallando.
Porque cuando las quejas se vuelven constantes, cuando los patrones se repiten y cuando los propietarios comienzan a perder más que dinero —confianza, certeza, incluso garantías—, la crisis deja de ser una advertencia.
Y en esa realidad, la pregunta es inevitable:
¿Quién responde?
Hoy, la respuesta sigue apuntando al mismo centro del triángulo: ADMINIO.

